Dejar de escribir de política para volver a escribir
Durante años escribí desde la urgencia.
Desde la necesidad de opinar, de responder, de no callar. La política era un territorio inevitable: estaba en todas partes y también en mí. Escribir sobre ella parecía una forma de estar despierto.
Pero el cansancio no llegó de golpe. Fue lento, casi educado.
Primero fue la repetición de los argumentos. Luego, la sensación de que cada texto ya había sido escrito antes, con otras palabras, por otra persona igual de agotada. Finalmente, apareció algo peor: escribir dejó de ser una forma de pensar y se volvió una forma de reaccionar.
La reacción cansa.
La reacción no escucha.
La reacción no deja frases que duren.
Por eso dejé de escribir. O, más exactamente, dejé de publicar.
Seguí tomando notas, subrayando libros, anotando ideas en los márgenes. Pero entendí que necesitaba silencio. No para abandonar el pensamiento, sino para cambiar de ritmo.
Este blog estuvo en pausa dos años. No fue un paréntesis estratégico ni una decisión calculada. Fue una retirada. Y como toda retirada, tuvo algo de derrota y algo de cuidado propio.
Hoy regreso sin un programa, sin consignas, sin la necesidad de convencer a nadie.
Regreso a la literatura como se regresa a una habitación conocida: no para escapar del mundo, sino para mirarlo con otra luz. La literatura no grita. No compite por la atención. No exige respuestas inmediatas. Se permite la duda, el matiz, la frase imperfecta.
Aquí no habrá opiniones urgentes ni tomas de posición diarias.
Habrá notas, ensayos breves, lecturas que acompañan, preguntas sin resolver. Textos escritos desde la lentitud, que es una forma de resistencia poco espectacular, pero necesaria.
No escribo para explicar el mundo.
Escribo para entender qué me pasa cuando lo miro.
Si alguien llega hasta aquí buscando argumentos, probablemente se irá decepcionado. Pero si alguien se queda por una frase, una pausa, una idea que no termina de cerrarse, entonces este espacio habrá cumplido su función.
Este blog cambia de voz.
Y escribir, por fin, vuelve a tener sentido.
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